Cátedra Latinoamericana

Hugo Chávez

Discurso en inauguración de la I Cumbre sobre la Deuda Social y la Integración Latinoamericana.

Caracas,Círculo Militar, 10 de julio de 2003

Hoy por casualidad recibí la grata e interesante visita allá en el Palacio, de los representantes del Programa Naciones Unidas para el Desarrollo, nuestro muy conocido, yo no me atrevo a decir que muy conocido, debe ser cada día más conocido, el PNUD y sus informes y sus campanazos o campanadas y de sus alertas y sus recomendaciones. Y en algunos minutos de la tarde comencé a revisar el Informe 2001 que presenta el PNUD y que hoy presentaron al mundo. Y me traje esta hojita para comenzar por aquí, para comentar en esta interesantísima reunión.

La mayoría de los países aún no comienza a cumplir objetivos fijados por las Naciones Unidas para el año 2015. Los datos presentados en el informe sobre desarrollo humano indican la necesidad de nuevas iniciativas. Está fechado 10 de julio 2001 ciudad de México. En la Cumbre del Milenio celebrada en el pasado mes de septiembre los dirigentes mundiales fijaron para el año 2015 un conjunto de objetivos cuantificados y cuyo cumplimiento puede vigilarse en materia de desarrollo y erradicación de la pobreza. Sin embargo, de acuerdo con nuevos análisis que se presentan en el informe sobre desarrollo humano 2001, muchos países no han comenzado a cumplir esos objetivos. Entonces dan algunas cifras. Esto está calientito como el pan que sale del horno. 93 países en los que se concentra el 62% de la población mundial, no están en vías de reducir en dos terceras partes para el 2015, la mortalidad de niños menores de 5 años. Cada año, 11 millones de niños menores de 5 años, o sea, alrededor de 30.000 por día, 30.000 por día, un niño muere cada 3 segundos. Siguen muriendo de causas que podrían evitarse. 3 segundos, se nos fue un niño que podría ser un hombre o una mujer en los años venideros. 30.000 niños por día.

Dice luego el reporte: así mismo 83 países en los que habita el 70% de la población mundial, no están en vías de reducir en un 50% el número de personas que carecen de acceso al agua potable; casi 1.000 millones de personas siguen necesitando ese acceso. Le lejos estamos del Reino de Dios, aquel por el cual vino Cristo hace 2.000 años a batallar y a morir.

74 países donde se concentra más de una tercera parte de la población mundial no están en vías de reducir en un 50% la pobreza para el 2015. En todo el mundo, 1.200 millones de personas siguen viviendo con menos de un dólar por día. Y algunos comentarios adicionales. Y queremos que haya paz en el mundo. Y la Biblia lo dice muy claro: «el único camino a la paz es la justicia». No hay otro, no hay otro.

Ahora, comenzando por allí estas reflexiones, felicitándoles a todos, a la iniciativa que han tomado ustedes del Parlamento Latinoamericano, su honorable presidenta y buena amiga, todos sus parlamentarios y de manera particular el grupo venezolano, el diputado Correa y todo el equipo, felicitaciones. Tan pronto nos comunicaron la brillante idea, no teníamos otra alternativa, estábamos obligados éticamente a apoyar en todo lo que hemos podido y lo que podamos en estos días de deliberaciones de esta Cumbre sobre la Deuda Social y la Integración Latinoamericana, pues éticamente obligados a apoyarles; así que rogamos pues, agradecemos muchísimo sus palabras de agradecimiento, pero rogamos que no nos las den porque en verdad, sencillamente, es una obligación moral. A quienes hay que felicitar es a ustedes por la iniciativa, y además invitarles a que sigamos haciendo reuniones de éstas para hablar con crudeza, sin mucho protocolo, con la mayor claridad posible sobre todos estos temas sociales: la deuda social, la injusticia social que azota a América y el mundo. Es imperativo que lo hagamos cada día con mayor profusión, claridad y perspectiva, y además que presionemos, por todas las vías posibles, por todas las vías válidas posibles, por supuesto, para que quienes tengamos alguna capacidad de toma de decisiones que puedan impactar de manera positiva este horror mundial y americano, pues tomemos mayor conciencia y estemos cada día más a la altura de este reto, de este compromiso gigantesco.

El informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo hace referencia a la Cumbre del Milenio. Yo recuerdo con mucha claridad la Cumbre del Milenio, allá estuvimos en septiembre del 2000, y a mí me daba horror firmar la declaración de aquella cumbre, lo confieso, porque una serie de declaraciones muy hermosas, discursos maravillosos para aplaudirlos mucho, de pie todos; y luego un plan de acción, entre muchas otras cosas para reducir —como ya se dice acá en el informe— la pobreza en un 50% para el 2015. Estamos a 14 años pues para cumplir con esa meta, y allá estampamos nuestra rúbrica. ¡Dios mío! ¿y cómo vamos a cumplir eso? ¿cómo? ¿vamos a seguir por el mismo camino por el que hemos venido en los últimos años y que precisamente nos ha traído a este abismo? Y a mí me da la impresión de que no hay mucha voluntad para cambiar de camino, me da la impresión de que en todas esas cumbres del Milenio o de las Américas o como las llamemos, esos nutridos y profundos documentos sociales no son más que un saludo a la bandera, quizás para dormir un poco tranquilos los que firmamos esos documentos; quizás para que la conciencia no nos atosigue tanto. Y ya están surgiendo evidencias que confirman aquellos nuestros temores. No vemos voluntad política en el mundo para enfrentar este problema. En Quebec, por ejemplo, más recientemente la Cumbre de las Américas, allí estuvimos todos los presidentes de América, menos nuestro hermano Fidel, porque fue democráticamente excluido sin consultarle a nadie. Democráticamente excluido. Dedocráticamente excluido. Cosa que no logran, porque Cuba está siempre entre nosotros. Y además, qué casualidad, qué contradictoria casualidad, Cuba es, sin duda alguna, nadie lo puede negar, uno de los pocos países de América que puede presentar con la frente en alto, tablas muy positivas de desarrollo humano, de educación, de salud, de esperanza de vida, mortalidad infantil, ¡qué contradictoria casualidad! Pero bueno, en aquella Cumbre de las democracias, que también fue muy curiosa, porque yo por ejemplo tengo una costumbre: donde quiera que vamos, cualquier ciudad o pueblo o pueblito del mundo, en cualquier parte, siempre averiguamos si hay algún busto de Bolívar para ir allá a colocar, aunque sea una flor tomada de un florero cualquiera. En Quebec no pudimos porque había un muro que rodeaba a las democracias, no podríamos salir del muro. Más allá estaban los pueblos protestando por miles. Yo decía ¿Qué contradicción esta? Los presidentes de las democracias en un ghetto, y claro los manifestantes abrieron una brecha desde la ventana del hotel, yo estaba en un piso muy alto, lástima que no tenía unos vinóculos, se me quedaron, pero los manifestantes abrieron una brecha del alto muro, por cierto que el Primer Ministro de Canadá, que es un buen amigo y hombre muy ocurrente además, me comentaba, yo le pregunté: Mire, cómo es esto del mundo y esa cosa. Me dijo: No, Presidente no hay problema, ya yo negocié el muro. ¿Cómo que lo negoció? No, ya lo vendí porque la próxima Cumbre, donde sea, habrá que proteger también con otro muro. Claro que le dije, mire, de todos modos, si esa Cumbre la hacemos en el Sur, habrá que ponerle corriente eléctrica al muro; habrá que reforzarlo, porque era por allá en una fría ciudad y hermosísima además, oye Québec ¡qué hermosa ciudad! Pero con contradicciones. Es un poco lo que dice Galeano, ese grande nuestro, en uno de sus libros recientes, de hace uno o dos años La escuela del mundo al revés: «Vengan a ver el sol en la mitad de la noche —dice Eduardo— vengan a ver el río que escupe candela, la escuela del mundo al revés», el mundo está patas arriba, hermanos y hermanas. ¡Estamos patas arriba y a veces no queremos darnos cuenta! Hemos entrado al siglo XXI caminando así, como los trapecistas, con los pies hacia arriba, haciendo esfuerzo para no caer. Que Dios nos acompañe, que Dios nos bendiga a todos y nos acompañe, para ponernos a caminar como tenemos que caminar los seres humanos y a vivir como hermanos y no como salvaje y a entre ayudarnos de verdad, más allá de las palabras. Yo tengo fe. Tenemos fe y es tiempo de fe este, en verdad, no es tiempo para el pesimismo sino para el optimismo. Creemos que estamos ante una gran oportunidad, una vez más, de las tantas que se han presentado a lo largo de los siglos, hay razón para ser optimista. No un vano optimismo, ilusionismo, no, en el mundo hay razones para ser optimistas ahora mismo y es bueno que lo percibamos y actuemos en consecuencia, sin temores, porque a veces con el miedo se nos domina, con las amenazas se nos quiera amarrar, y decía Bolívar «a través de la ignorancia se nos domina más que con la fuerza». Pues en aquella Cumbre de Quebec, con estas particularidades, y me vi incluso envuelto en una refriega porque un grupo de periodistas había quedado en una calle bloqueados, aislados, rompieron el muro lo cual devaluó un poco el muro. Pero penetraron y se armó una guerra de gas, gas, gas lacrimógeno y una máscara andaba uno buscando por allá para ver si comenzábamos la ceremonia. Un grupo de periodistas chilenos y unos mexicanos y venezolanos me pidieron auxilio a mi, a este pobre señor ahí, y yo pues, iluso, traté de mediar con un grupo de policías allá. Aquello terminó en una refriega y yo me agaché y salí por debajo. Cosa terrible.

Hace poco se reunieron en un barco, ¿supieron eso? Los jefes del G8 creo, decidieron reunirse en un barco en alta mar. Sí, yo lo vi en la prensa y dije: bueno, es el último recurso, en la mitad del Atlántico; en la mitad del Atlántico o del Pacífico, en un barco porque ya nadie se atreve a hacer Cumbre de esas. Aquí en Venezuela, Dios nos libre de una cumbre de esas. Cumbre sociales sí. Venezuela se abre para estas Cumbres Sociales.

Que vengan del mundo entero, hombres y mujeres a reflexionar, a pensar, a hacernos la autocrítica, que nos enseña toda tesis revolucionaria cualquiera sea su bandera, comenzando por la cristiana, «por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa». Creo que es tiempo, es el momento de hacerlo. Necesario es que lo hagamos.

Y que vengan aquí los indígenas y los negros y los «pata en el suelo» y los cantores y los estudiantes del mundo entero, a debatir sobre el drama que vivimos: Venezuela les abre las puertas y el corazón. Y estoy seguro que no estamos solos en eso no, estoy seguro que muchos países de América lo irán haciendo cada día más. Cada día se abren más puertas para los pueblos y los pueblos van abriendo sus propias puertas.

Pues bien, en aquella Cumbre de Quebec, nosotros los Presidentes de América —menos Fidel— firmábamos otra vez, comprometiéndonos una vez más, a cumplir las metas de la Cumbre del Milenio. Es decir, en el año 2015 lo hemos dicho con mucha seriedad y con rigurosidad protocolaria y hemos firmado para la historia, a todos nos van a terminar condenando si no hacemos algo extraordinario.

Claro, cuando alguien firma allí no está siendo tampoco un compromiso personal porque nos vamos yendo, nos vamos yendo, cada quien entrega y se va y llega otro. El compromiso debe ser de los Estados, de las sociedades y lo firmamos pues sus representantes en un momento determinado. Así que comprometemos a medio mundo. Yo firmé y comprometí a todos ustedes y todos, Pastrana firmó y comprometió a los colombianos; y Vicente Fox a los mexicanos y así todos. Tamaño reto. Ahora ¿cómo lo vamos a lograr? Y lo más preocupante ¿saben qué? Que algunos de nosotros, dos ó tres de nosotros, de los Presidentes de América, menos Fidel, propusimos algunas ideas que ni siquiera fueron consideradas.

A nombre de Venezuela por ejemplo propuse, bueno, si vamos a fijarnos esas metas que hay que aplaudir, de reducir la pobreza horrorosa que tenemos y el desempleo y la desnutrición infantil y ganarle la pelea a la muerte. ¿Cómo lo vamos hacer? Entonces fíjense cómo se redacta el documento: Los gobiernos se comprometen a... los gobiernos, ustedes vean a ver cómo hacen, pero no se asume como un compromiso colectivo. Nosotros propusimos en Quebec por ejemplo, decretar la emergencia social en el continente americano todo y reducir el gasto militar en un 5% ya. Pero no han respuesta, o en un 10%. No hay respuesta, palabras que se las lleva el viento. Así que la situación es bastante complicada porque nosotros no sentimos que haya voluntad política suficiente para enfrentar este reto. Así que si, en esos niveles no la hay, vamos, vamos, le toca a los pueblos hablar y a sus representantes, a sus parlamentos, a sus dirigentes, a sus líderes, a su juventud, porque no podemos 15 personas o 40 personas decidir por el destino de 400 millones. Estamos hablando de democracia, precisamente estamos hablando de democracia. A mí se me ocurre que así como aquí en Venezuela nosotros la única forma de salir de la trampa en la que estábamos metidos peligrosamente fue consultar al pueblo una y otra vez, siguiendo la máxima de Bolívar, pero consultando al pueblo y haciendo vinculante la opinión del pueblo, porque mucha gente dice: «...no, aquí estamos consultando al pueblo», ah, pero el pueblo dice para allá y los que mandan dicen: «no, para allá». Y de qué vale entonces la consulta. Debe ser una consulta que vincule y obligue a la toma de decisiones. Bolívar lo decía en alguna ocasión: «Creo más en los consejos del pueblo que en los consejos de los sabios, que todo creen saberlo». A nosotros se nos ocurre: qué interesante sería hacer un referéndum en toda América. Que hablen los pueblos alguna vez en 500 años, que se pronuncien sobre temas fundamentales. No podemos tenerle miedo a nuestros pueblos si precisamente estamos hablando de democracia.

Es una de las propuestas que cargamos, que hemos lanzado en los escenarios continentales y que seguiremos trabajándola además, por eso esta cumbre y esta reunión es tan importante por muchas cosas, una de ellas es que seguramente de aquí saldrán muchísimas recomendaciones, muchísimas ideas que nosotros estamos obligados a considerar y a tomar en cuenta para seguir afinando propuestas, para seguir impulsando un nuevo camino, que debemos construir en colectivo consultando a las sociedades, a las diversas corrientes políticas, sociales, económicas, religiosas del continente todo, se trata de la suerte de todos y del mundo todo; pero en este caso estamos hablando de América y más particularmente de la América latino-caribeña, pero creo que esto es válido para el mundo entero ahora mismo cuando comienza el siglo.

Bueno, bienvenidos a Venezuela, hermanos. ¿Cuánto tiempo hay que hablar aquí?, porque a veces le ponen un tiempo a uno. No importa... pero hay una cena después y son casi las 9 de la noche, porque es que yo no he comenzado, ahora voy a dar la bienvenida, estaba haciendo calentamiento de... una calistenia, estaba haciendo una calistenia; pero de verdad que le damos la bienvenida a todos ustedes, hombres y mujeres del mundo, de América, a nuestro país, que también siéntanlo de ustedes y no lo digo por solo un cumplido; en verdad es así. Y llegan ustedes a Venezuela y seguramente quienes o no conocían a Venezuela o tenián varios años sin venir, seguramente conseguirán cosas que les pudieran asombrar, que les pudieran sorprender, que les pudieran llamar la atención, pues estamos en pleno proceso revolucionario en Venezuela. Yo creo que no hay otro camino, respetando las soberanías de cada país. Yo anoche conversaba ahí en Palacio, tuve también la honra de recibir la visita del precandidato prsidencial de la hermana República de Colombia, Horacio Serpa y su esposa, y conversamos algunas horas sobre todos estos temas y otros y la paz y todas estas cosas, y la integración, y hablamos de este evento de hoy. Y decíamos pues, hablábamos del impostergable momento que vivimos y de la necesidad de entender los procesos, respetando la soberanía de los países. Nosotros no tenemos ningún plan, lo hemos repetido una y mil veces y lo hemos demostrado. Nosotros no tenemos ningún plan para exportar —término que se usó en otra época, pero todavía se usa y especialmente ahora en el caso venezolano— exportar la revolución bolivariana. No. Cada país tiene sus propios designios, cada pueblo tiene su propia fuerza y tiene su propio momento y sus propios líderes y sus propias oportunidades, y sus propios procesos, aunque yo sí creo que una oleada recorre el Continente. Una oleada de fuerzas nuevas, positivamente nuevas, para salir de los viejo, para salir de viejos paradigmas, de encerronas históricas que nos han llenado de sangre, de muerte y de miseria desde hace muchísimo tiempo y que alguna gente ciega o insensata se niega a reconocer. Tercamente, obstinadamente, sin darse cuenta que también está en juego su propia sobrevivencia, porque ¿a dónde se van a ir? Si este cuadro terrible y desolador que nos presenta el informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo sigue creciendo y dentro de 15 años, en vez de reducir la pobreza supongamos que se duplica, ¿dónde se van a meter? ¿quién puede creer que los pobres y los condenados de la tierra —como diría Frank Fanon— van a sentarse tranquilos a morirse a la vera de los caminos? No. Ellos van a salir a vivir. A tratar de vivir. Y en esos caminos ocurren muchas cosas, cuando la Ley de la Selva es la que comienza a imperar ¡Sálvese quien pueda! Entonces se trata de la sobrevivencia del mundo. El mundo como va no es viable. No es viable desde el punto de vista ético, social y político, vamos por el camino es al Infierno, desde hace tiempo y muchos no quieren darse cuenta. Afortunadamente creo que cada día quienes nos damos cuenta crecemos en número, en conciencia y en fortaleza, y los obstinados y los ciegos y los insensibles se van convirtiendo en escuálidos. Perdonen cualquier parecido a la situación nacional, no quiero caer en provocaciones.

Ahora, la deuda social y la integración latinoamericana, tremendo tema, porque es uno solo, no creo yo que sean dos temas, es uno solo. Creo que están tan fuertemente interrelacionados estos dos ámbitos que conforman una sola unidad temática: la integración latinoamericana y la deuda social. Pudiéramos decir en primer lugar que la deuda social es un problema histórico acumulado de varios siglos. Creo que Tupac Amaru, creo Guaicaipuró, creo que Tecumán, el de las flores verdes, verdes, verdes de las plumas verdes, verdes, verdes; creo que Quetzatcoatl y aquella gente vivían mejor, eran dueños y señores y convivían con la madre tierra y con sus dioses y con sus costumbres, pero llegaron las carabelas... me perdonan los hermanos de Europa, pero ha pasado tanto tiempo. Hay alguna gente que todavía a estas alturas se molesta, la otra vez alguien me dijo: «...Presidente, usted...», pero cómo se van a molestar por un análisis histórico, han pasado 500 años. Hace poco, sí, un caballero diplomático europeo... claro, en privado, con mucho afecto me lo dijo: «...Presidente, pero usted nos está atacando feo», pero, bueno, yo no los estoy atacando a ustedes, vale, yo estoy atacando 500 años atrás, no te equivoques de tiempo, vale, 500 años. Pero yo si creo, y el que quiera comprobarlo más allá de pasiones de que si yo nací no sé dónde o más allá o más acá, no creo que se trate de pasiones. Si alguien lee, como aquí seguramente muchos hemos leído las Crónicas de Indias, de Fray Bartolomé de las Casas, podrá darse cuenta con horror del atropello histórico y la masacre histórica que cometió la Conquista en estas tierras americanas. Entonces creo que desde allá viene acumulándose una deuda social: esclavitud, barbarie.

Yo, miren, hace como dos noches me conseguí en mi biblioteca, esa que uno siempre carga pasando caminos y huracanes, y algunos libros sobreviven y siempre van ahí, conseguí el librito de Bartolomé de las Casas, y a pesar de que yo mismo digo que eso fue hace 500 años, créanme que esa madrugada yo estaba indignado, 500 años, yo mismo estaba indignado, porque cuenta Bartolomé de las Casas que llegaba el conquistador con una orden real a leerla en español, en el sitio, aquí en Caracas estaban los indios Caracas, no había ni siquiera micrófono a ver si se extendía la voz hacia las montañas. No, él leía... vamos a suponer que muy... tenía una voz fuerte para que los indios que estaban por allá lejos oyeran: «...por orden no sé qué, se su majestad tal, estas tierras se declaran pertenencia de tal y aquel que se opusiera será pasado por las armas». Nuestros pobres tatarabuelos ni siquiera entendían ese idioma, ni siquiera entendía lo que el caballero aquel leía en el centro de una plaza que estaban fundando y, bueno, de una vez fuera de la ley y la persecución y el que no se esclavizaba y aceptaba la sumisión era considerado rebelde y por tanto perseguido a muerte.

Aquí en Venezuela es histórico y heroico la leyenda de Guaicaipuró, cacique indígena de estos valles de Caracas, de los indios Caracas, que murió por aquí cerca; y por cierto hemos decidido y dentro de poco vamos a hacer un acto simbólico para llevar sus restos, simbólicamente al Panteón Nacional de Venezuela.

Ahora, aquel Cacique, cuentan, que le mataron a su mujer y sus hijas y le incendiaron su choza una madrugada y luego se paró, cuando vio que ya la muerte estaba allí convertida en lanzas y arcabuses y armas de un pelotón conquistador, entonces se paró y dijo, les habló para que no entendieran además, en su lengua caribe: «Vengan, vengan invasores, para que vean como muere el último hombre libre de esta tierra!». De allá viene una tragedia histórica: la Colonia y todo lo que eso implica desde el punto de vista cultural. El colonizado y el esclavo terminan aceptando muchas veces su condición. Toda la implicación ética, política, social y económica que trajeron aquellos siglos, trescientos años de dominación, de coloniaje. Terrible coloniaje. Bolívar era terrible en sus discursos, comenzando la guerra de liberación. En una ocasión escribió en «La Carta de Jamaica»: Más grande es el odio que le tenemos a los conquistadores que el océano que nos separa de su tierra. Más grande es el océano de sangre que ha corrido en estas tierras que el Atlántico que nos separa. Así que, después de 300 años de dominación y de acumulación de una deuda social que tiene, esa deuda social tiene implicaciones no solamente sociales, porque es que lo social abarca todo. Tiene implicaciones políticas, es deuda política también y es deuda económica y ética. Abarca un conjunto de ámbitos más allá de lo propiamente social, sin dejar de ser social. Hubo entonces un intento supremo comenzando el siglo XIX para romper aquellas cadenas y aquel camino y aquella situación de coloniaje. Fue sin duda un esfuerzo supremo, todo aquel proceso que comenzó con el siglo XIX y se fue apagando luego terminando la tercera década de aquel mismo siglo, que tiene figuras fulgurantes y eternas a lo largo del continente latinoamericano y caribeño, Bolívar, uno de ellos. Hoy, como Neruda ciertamente tenía razón, cuando hablando de Bolívar dijo en aquel canto, que «lo conocí una mañana en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento» y al final termina diciendo: «Sí, soy yo, pero despierto cada cien años cuando despiertan los pueblos». En Venezuela ha despertado Bolívar y Bolívar es el pueblo que lleva su bandera, su inspiración y su lucha. Bolívar se hizo pueblo. Hombres como Bolívar no mueren, dejaron su idea, su semilla en nosotros y viven en nosotros, en cada día, en cada lucha, en cada derrota, en cada victoria, en cada frustración, en cada lágrima, en cada sueño.

Ahora, aquel esfuerzo que fue supremo y donde participaron cuántos hombres de América: Miranda, San Martín, O’Higgins, Artigas, un poco más acá José Martí y por ahí... una pléyade de hombre y de mujeres: Josefa Camejo, Luis Cáceres, Manuela Sáenz y los sin nombres que son los más; y más héroes que estos con nombre. Los sin nombres. Los soldados hombres y mujeres sin nombre que hicieron aquel tremendo esfuerzo.

En esta parte de América cruzaron Los Andes a pié casi todos, sin vestimenta adecuada, enfrentaron al imperio con lanzas, sin armas adecuadas durante más de una década: desde El Caribe hasta el alto Perú y más allá. Y al fin, después de 14 años de guerra, de esta parte del mundo se fue el imperio. Pero el esfuerzo terminó siendo en vano.

Bolívar mismo, que murió traicionado y murió acuchillado por todas partes —decía él mismo— terminó lanzando una frase terrible: «He arado en el mar» dijo. Y de aquí de Venezuela lo echaron y no le permitieron volver sino luego, muchos años después, hecho cenizas ya. Y de aquí de Venezuela echaron al Mariscal Sucre ya no los españoles, las oligarquías que se adueñaron entonces de la situación y traicionaron la esperanza de un pueblo que sacrificó todo para buscar un camino distinto.

Cuenta el Gabo García Márquez en su novela El General en su laberinto, que Bolívar —claro el Gabo le agrega su realismo mágico maravilloso— pero fue tomado de frases y de documentos históricos esa novela impresionante. Iba Bolívar en 1830 entrando a Cartagena de Indias rumbo a Santa Marta y a su lado el General Montilla, venezolano, quien era Gobernador, iba entrando y ven los niños miserables, y los pordioseros y los zamuros merodiando la muerte, y el Gabo coloca una frase en boca de Bolívar: Y dijo Bolívar «Montilla cuánto nos costó esta «M» (no puedo decir la palabras) imagínensela ustedes. ¿Cuánto nos costó esta «M» de Independencia? Y fue verdad. Porque no hubo tal Independencia. Nuevos amos se adueñaron de nuestros pueblos aquí y allá y más allá.

Pero ahora oligarquías criollas, imperialismos criollos que luego terminaron vendiéndose a otros imperios de más allá de los mares o más allá de las tierras. Es la verdad histórica, eso no podemos negarlo, el que lo niegue es un insensato; no tiene patria el que lo niegue. Ahora tenemos que comenzar una vez más, reconociendo esa realidad de nuestra historia y no podemos aceptar que nos sigan manipulando con falsas historias y escondiendo la realidad como nos quisieron hacer a nosotros. Casi lo logran.

Hay que desnudar la historia. A Bolívar por ejemplo lo transformaron. Después que lo traicionaron, lo mandaron a matar, lo echaron, mataron a Sucre, echaron a lo que estaba cercano a él, a Manuela Saenz la echaron; a Simón Rodríguez lo llamaron loco y lo persiguieron hasta que murió anciano por allá solo. Entonces, después, ah bueno, vamos a transformarlo. Y lo transformaron en otro señor que no fue Bolívar, un señor que habla grueso: «Señores, si mi muerte contribuye para que cesen...». No, Bolívar tenía una voz chillona y se encaramaba encima de las mesas y rompía el protocolo y dice que era implacable. Bueno, mandó a fusilar a Piar. Siete cartas le mandó Piar a Bolívar pidiéndole perdón. Ni una le respondió. solo dicen que cuando el Capitán dijo: ¡Apunten! Para fusilarlo, se asomó a la ventana, a ver cómo caía aquel otro gran libertador, Carlos Manuel Piar o Manuel Carlos Piar, fusilado.

Ahora, lo transformaron y lo utilizaron contra el pueblo y como dice un cantor venezolano que no morirá jamás, Alí Primera, «fueron al Panteón Nacional a colocarle flores, pero era para ver si estaba bien muerto». Así que creo que aquel intento supremo se perdió, entre otras cosas porque la revolución logró la independencia de España, pero no hubo de verdad una revolución política y mucho menos una revolución social y mucho menos una revolución económica. Simón Rodríguez, ese grande, filósofo y maestro lo decía, cuando a Bolívar lo acusaban de tirano y desde Europa decían: ¡Otro Napoleón!, en 1826, 27 y 28, Simón Rodríguez salió en su defensa y decía: «El general Bolívar hizo, junto a sus compañeros de armas y el pueblo, una revolución política. Pero no se llamen a engaño los americanos meridionales, aquí no hay repúblicas y no hay repúblicas porque no hay pueblos, no hay pueblos republicanos, es decir, que piensen en la cosa pública, hay que formar la mentalidad colectiva». Decía Simón Rodríguez. «Y además, tienen que hacer una revolución económica y comiéncenla por los campos, enseñando a los niños a trabajar con sus manos la tierra, la madera y los metales, para que se les despierte su creatividad. Educación. Educación. Educación». Hay un dicho por ahí creo que recorrió el mundo «¡La economía estúpido, la economía!», habría que responderle: La Educación estupidísimo, la educación. La Educación.

Ahora, aquel intento fracasó, fracasó, si hubiese triunfado aquel intento de revolución integral y de unión de la América Meridional, como entonces nos llamábamos antes de que apareciera el término aquel francés de Amériqué Latine, que luego se quedó. América Meridional o América antes, española, decía también Bolívar o América India. Hasta en eso a nosotros nos han falsificado un poco. La India está del otro lado del mundo y Colón pensó que había llegado a la India. Estaba un poquito equivocado el Almirante. El pensó que había llegado a la India y somos indios por eso, compartimos con nuestros hermanos de India este asunto histórico y social.

Ahora, el intento de Bolívar, ya lo decía el diputado Correa en sus palabras, convocar al Congreso Anfictiónico de Panamá. ¡Qué visión la de Bolívar! Y decir, «si el Nuevo Mundo debiera elegir una capital, Panamá debe ser la Capital del Nuevo Mundo, como fue Bizancio la capital del antiguo universo. Y allí debe funcionar algún día un augusto congreso donde asistan los representantes de los pueblos, de los pueblos, no de las elites, sino de los pueblos a deliberar y a tomar decisiones sobre los asuntos de la paz, de la economía y de la guerra para negociar en todos estos asuntos con las otras tres partes del mundo». Eso pareciera dicho hoy. Así que creo que 200 años después, queridos amigos y queridas amigas, 200 años después de aquel envión, de aquel esfuerzo supremo, pero que terminó más bien en una desintegración de nuestro continente y hoy aquí estamos desintegrados en buena manera, en buena medida, desintegrados en lo político, desintegrados en lo social, desintegrados en lo moral, que es lo más grave; en lo económico desintegrados. La corriente de la desintegración hasta ahora ha triunfado, pero yo no creo que estemos condenados. No. Por más pecados que tengamos, tanto el original como los que vienen después, no creo que estemos condenados a ser el Nuevo Mundo este que somos. No, nuevo no puede ser esto, lo nuevo siempre trae la idea de lo hermoso, ¡un niño es nuevo! Bueno, hasta un burro recién nacido es bonito. Sí, los burros chiquiticos son bonitos, los pollinos; una flor recién abierta de su capullo, un pajarito que salió del nido, eso es lo nuevo. El Nuevo Mundo, retomemos la idea del Nuevo Mundo, y Bolívar lo decía en esos términos: «Volando por entre las próximas edades —decía— mi imaginación se fija en los siglos futuros, y mirando desde allá con admiración y pasmo la prosperidad que ha adquirido esta inmensa región, ya la veo sentada en el trono de la justicia coronada por la gloria, mostrarle al mundo antiguo la majestad del mundo moderno, del mundo nuevo».

Creo que ahora estamos al frente de otra oportunidad, el tablero mundial se mueve, se mueve y eso es interesante. Triste son aquellas épocas en que nada se mueve ni sopla viento. No, no, aquí hay vientos soplando por todas partes y en algunas partes huracanes, se aflojan viejas estructuras, caen viejísimas estructuras, caen viejos paradigmas de siglos, son pulverizados por una revolución mundial, que no es la revolución telemática, en la que por supuesto creemos, pero no, nos quieren lanzar que esa es la revolución de ahora. No, esa no es la revolución de ahora. La revolución de ahora es la social, la de siempre pues. No podemos decir porque algunos dicen: No, es que ya se hicieron todas las revoluciones, ahora no hay más revoluciones, la que viene es la telemática. Yo no me inscribo en esa revolución, todavía. Primero en la social, lo demás será consecuencia. Pero ciertamente, hace poco estábamos en Pekin conversando con Jiang y haciendo una evaluación de lo que es el mundo de hoy, y concluíamos muy felices y terminamos cantando, ustedes saben que tenemos un trío ahora: Julio Iglesias, Jiang Zemin y Chávez, un trío que se ha hecho un poco famoso. Allá faltó Julio Iglesias, pero él no sabe lo que se perdió. Pues terminamos muy optimistas sobre el mundo moderno, como anoche igual con Horacio Serpa, como en varias noches con Pastrana y varios días con muchos otros presidentes y buenos amigos que uno va haciendo en el camino. Con diversos enfoques todos, pero optimistas. Fernando Cardoso, Vladimir Putin, todos estamos optimistas y yo creo que hay razón para estarlo. Y yo creo que esto hay que transmitirlo, el optimismo, a nuestros pueblos. Creo que estamos entonces, Vivian Forester, en su maravilloso libro de El horror económico dice que está en marcha una mutación universal. Y yo lo creo. Dondequiera que uno va hay vientos que se están moviendo. Hay nuevas ideas y viejas nuevas ideas que parecían enterradas o desaparecidas, que nacen de nuevo y surgen desde los bosques, desde la profundidad de las tierras y de los pueblos y de los barrios y de las universidades y hay paradigmas que se creían victoriosos hace poco, que están en derrota y en retirada. El neoliberalismo es uno de ellos. ¿Quién hoy levanta la bandera neoliberal? Un grupo de escuálidos. Sí, la seguirán levantando pero seguirán, es una bandera pálida ya. No tiene color. No tiene moral esa bandera. Y en verdad que el neoliberalismo, como lo vimos y lo sentimos aquí, nos llevo a las puertas del infierno. Asi que creo que una gran revolución está en marcha. De diverso signo, de nuevo signo y de viejo signo y creo que es en el mundo entero, en unos sitios más, en otros menos, pero hay corrientes moviéndose por todas partes. O como decía Kapra hace varias décadas, lo hablaba y lo anunciaba, «tiempos nuevos recorrerán el Planeta, vendrán nuevos paradigmas». O como Fidel en el «Grano de Maíz», de Borges, «una nueva oleada, de otro signo, recorrerá el lomo de América». Aquí la tenemos pues.

Ahora, decía, hermanos y hermanas, que estamos frente a otra gran oportunidad, pero igual como nuestros viejos abuelos y abuelas, creo que se requiere un esfuerzo supremo si queremos que no se nos vaya de nuevo esta nueva oportunidad. Un supremo esfuerzo donde habrá que dejarlo todo, dando el todo por el todo. Creo que se requiere de coraje, audacia, sabiduría, paciencia prudencia y una combinación de las virtudes del ser humano para que no nos pase de nuevo la carreta por delante y veamos como pasa la Historia por delante, sino que nos montemos en ella y ayudemos a llevarla, a impulsarla, pero igual que entonces, igual que entonces creo que es urgente, prioritaria y precedente a la solución real, estructural, permanente y sostenible de estos problemas sociales que conforman esta horrorosa deuda acumulada de siglos y que se vino agravando en las últimas décadas con la llegada del neoliberalismo salvaje, creo que... y creo que más que entonces hoy es prioritaria la integración. Nosotros no vamos a poder cada uno por sí mismo con este problema, no vamos a poder. Creo que fue el general Perón el que dijo hace varias décadas: «El siglo XXI nos conseguirá o unidos o dominados», henos aquí dominados pues. No vamos a poder.

Venezuela pudiéramos decir que en dos años y medio de grandes esfuerzos logrado algunas cosas, sí, pero son pequeñas cosas ante la montaña de necesidades, pequeñas cosas que seguiremos incrementándolas, y algunos logros sociales porque la deuda social, tal cual con ese mismo nombre la hemos incorporado como estrategia o como elemento básico para una estrategia social de la Revolución Bolivariana pacífica y democrática, cancelar la deuda social acumulada. Vaya usted a saber qué tamaña meta, qué tamaños objetivos tenemos por delante. Sí, pudiéramos decir que en Venezuela hemos duplicado el presupuesto de la educación en dos años, de 3% del Producto Interno Bruto, como recibimos el país desguasado, ahora está en 6% del Producto Interno Bruto. Algunos logros, y podemos decir que un millón niños que no podían ir a la escuela porque le estaban cobrando, el neoliberalismo salvaje que privatizó hasta la educación pública, y si usted no tenía para pagar la matrícula, su niño no entra a la escuela aunque sea pública. Ahí llegamos aquí en Venezuela. Ahora no, eso se eliminó. Claro, hay que darle más presupuesto a la educación, porque el neoliberalismo vino con aquel cuento de que el Estado tenía que reducirse a su mínima expresión y que un señor invisible con una mano invisible que llaman el mercado todo lo arreglaría. No. ¡Tamaño cuento ese! El cuento del diablo es ese pues, el cuento del diablo.

La salud, igual. «Ah, este es un hospital público, vengo con un dolor que me estoy muriendo». «Pele por su cartera pues». «No tengo dinero». «Bueno, váyase a morirse». Cobraban hasta en las emergencias de los hospitales públicos aquí, pues también hemos duplicado el presupuesto asignado a la salud. Y hemos hecho muchas cosas pues, pero eso no basta. Porque pudiéramos avanzar y vamos a avanzar mucho más, pero la gran pregunta es: ¿Y estos logros serán sustentables si no logramos una sólida unidad Latinoamericana y Caribeña? Yo creo que no son sustentables, porque los problemas sociales y económicos y de otro género también, pero centrémonos ahí; son, repito, de tamaña magnitud, que los Estados nacionales no tienen y las naciones y las repúblicas aisladas, no tienen la fuerza suficiente para remontar la cuesta y mantenerse, porque no se trata de remontarla. ¿Qué hacemos con luchar catorce años, como lucharon nuestros tatarabuelos para echar el Imperio español y luego en menos de lo que canta un gallo, todo se vino abajo? Y como dice una canción: «todo se derrumbó dentro de mi».

Si, porque es que cualquier logro que nosotros obtengamos, de repente hay un estornudo económico en el Asia o en Norteamérica o en Europa o en cualquiera de nuestros países, bueno, eso tiende al efecto «dominó» y a derribar estructuras que son muy débiles; vulnerabilidades demasiado altas; estructuras carcomidas. Así que, en resumen, se trata de la integración, el gran problema de hoy, el primer gran problema de hoy. Sin dejar de atender los otros como el malabarista, pero lo pelota más grande y la que no se nos puede caer una vez más, es la de la integración.

Ahora, hermanos y hermanas ¿qué tipo de integración? ¿De qué tipo de integración estamos hablando? De un gran supermercado hemisférico donde lo que prevalezca sea lo económico? ¿cuánto vale eso y cuánto me vendes tu, y cuánto te vendo yo? ¿Se trata de esa integración sin alma, sin amor? ¿Es un matrimonio por interés lo que queremos o un matrimonio por amor eterno, duradero?

Creo que lo que está planteado ahorita mismo es un matrimonio por interés. La propuesta del ALCA por ejemplo, es una propuesta de matrimonio por interés. No tiene alma, le han extraído el alma, no tiene pueblo, ¿dónde están los pueblos allí? Nos mueve el interés —eso es diabólico Padre, Monseñor— como lo sabemos. Es diabólico. Nunca se me olvida aquella lectura sagrada de cuando Jesús se tocó con el Diablo, el mismísimo Satanás en el desierto. Y el Satanás quiso tentarlo y le dijo, y esto debe ser una lección para nosotros hoy y siempre: «Ah, ¿tú eres hijo de Dios? No te creo. Demuéstramelo pues». Estás en ayunas ¿cuántos días tenías? Cuarenta. Gracias Monseñor. Cuarenta días en ayuno. Que yo fui monaguillo. Mi mamá quería que yo fuera sacerdote. Yo fui monaguillo dos años. Y me hubiese gustado mucho. Yo creo que hubiese sido un sacerdote, al menos apasionado, como muchos de aquí de Venezuela y del mundo y de América Latina. Como muchos. La inmensa mayoría de luchadores de la justicia, pues por la justicia. Ahora, entonces le dice, como sabemos todos, bueno ¿por qué no transformas esas piedras en pan y comes? Y Jesús le dijo, sabio, eterno, le dijo: «No, porque está escrito señor, no solo de pan vive el hombre». Nosotros creemos que solo de pan se vive. Estamos terriblemente equivocados. Ah «que el intercambio comercial se incrementó entre Venezuela y no se qué otro país» Qué bien. Mira, y ¿la pobreza? ¿cómo se movió la pobreza este año? ¡Que la inflación la tenemos ya cerca de un dígito y el déficit fiscal también lo hemos reducido! Ah y la cantidad de niños que van a la escuela ¿cómo están? Dime. ¿Cómo se han movido tus variables de desnutrición infantil? ¿cómo está la mortalidad infantil? ¿cómo están los salarios de los trabajadores? ¿cómo está el poder adquisitivo? Yo creo que esas son las grandes preguntas que hay que responder. Lo demás son instrumentos, son instrumentos. ¿De qué vale decir que la inflación la redujimos a cero? ¿de qué vale que digamos que no tenemos déficit sino superávit fiscal? ¿de qué vale que digamos que hay una estabilidad cambiaria? ¿de qué vale etcétera, etcétera, la macroeconomía si al final hay más pobreza y más hambre? No vale de nada. Eso no sirve para nada. No nos caigamos a mentira, la economía es un instrumento y debe serlo, al servicio de la justicia social, al servicio del ser humano, si no no sirve para nada. Si no, no sirve.

Ahora, entonces se trata de responder la pregunta, y creo que esta reunión es muy apropiada para ello, ¿de qué integración estamos hablando? Venezuela, ustedes saben, que firmó la Declaración de Quebec, con reservas. Con reservas. Por algunas razones y también nos opusimos a la propuesta de acelerar el ALCA al 2003, lo cual nos parecía un verdadero suicidio. Aquí tenemos que acelerar muchas cosas, pero no es el ALCA precisamente lo que hay que acelerar. Tenemos que acelerar la integración nuestra, de Suramérica, de Centroamérica, del Caribe. Pero además tenemos que revolucionar los mecanismos de integración. Yo acabo de entregar la presidencia de la Comunidad Andina de Naciones a nuestro amigo el Presidente Hugo Banzer, a quien deseamos desde aquí su pronta recuperación de una enfermedad que le aqueja, pero soy un radical crítico del sistema de integración andino, así llamado. Y Venezuela pertenece también a la Asociación de Estados del Caribe, y Venezuela pertenece también al Grupo de los Tres y al Grupo de los Quince y al Grupo de los 77 y al grupo de los doble equis. Bueno, cuántos grupos hay en el mundo y creo que ninguno sirve. Tengo dos años y medio yendo a cumbres y cumbres y firmando declaraciones, y oyendo discursos y participando con fe, como todos participamos con fe, estoy seguro, pero creo que estamos equivocados, creo que no vamos por el camino correcto, creo que estamos, como se dice y esto es un lugar común pero es válido para esto, creo que tenemos la carreta delante de los caballos. La integración no puede partir de lo económico, eso debe ser consecuencia; la integración debe partir de lo político, una decisión política que hay que tomar de gran dimensión, no podemos seguir por el camino que vamos: zonas de libre comercio por delante, la carreta, esa es la carreta ¿y los caballos? detrás. Los caballos son los caballos de Bolívar que planteaba la formación de un gran cuerpo político, los tenemos atrás y bien atrás, como dice el doctor Uslar, en paz descanse, hablando de Bolívar y de la Batalla de Carabobo, pensamiento que hemos retomado ahora que hemos celebrado los 180 años de la batalla: «Cuando el camino llegó a Carabobo iba Bolívar adelante y obligaba mucho». Hoy tenemos a Bolívar detrás y el compromiso no ha hecho sino crecer.

Se trata de tomar decisiones de una gran envergadura política. Ah, pero se conspira contra esas decisiones, hay una conspiración internacional en contra de la integración de América Latina y del Caribe. Lo digo por la mitad del medio de la calle. Contra Venezuela, por ejemplo, se conspira, contra Venezuela se conspira, se está conspirando y se seguirá conspirando. Bueno, sin ir muy lejos, valga el ejemplo de este último caso del caballero Montesinos pues. Esa es una conspiración. A mí me da tristeza, porque cómo amamos en este caso particular al pueblo del perú, lo amamos desde hace mucho tiempo, incluso siendo yo apenas un cadete tuve la suerte de ir a desfilar en Ayacucho, en la Pampa de la Quinua, donde el Mariscal Sucre comandó el ejército unido libertador de Suramérica y le dio el último golpe mortal al ejército español, y desde aquel entonces me traje los recuerdos y la fuerza de lo que allí vi allá en la Pampa de la Quinua entre los indígenas y los jóvenes campesinos y soldados de aquel entonces y de aquel esfuerzo que creo que fue bueno, el que hizo el general Juan Velasco Alvarado, quien gobernaba el Perú de entonces con la Revolución Nacional Peruana y aquel plan que se llamaba Inca. Creo que fue un buen ensayo al menos. Pero, bueno, una campaña mediática inclemente que le hace mucho daño a esto de lo que aquí estamos hablando, porque cuántas mentiras, lee y oye el pueblo peruano, de las oligarquías que manejan los medios de comunicación o la mayoría de los medios de comunicación en el Perú y que juegan en contra de la integración. Porque a ellos les interesa la integración sin alma. Ellos se sienten conformes con la integración que está planteada. No les conviene ni les interesa la integración con alma y por eso se hacen eco de todas estas campañas y las potencian sembrando dudas en los pueblos, y quién sabe si odios, de la nada. Tratando de hacerle ver al Perú lo que por supuesto que es una inmensa mentira, de que yo tenía aquí escondido al señor Montesinos, pagando deudas o no sé qué cosas. Pero no solo eso, ya el año pasado inventaron por América un conjunto de mentiras pero bien inventadas, bien diseñadas, por organizaciones internacionales de mucha experiencia y capacidad para poner a dudar a buenos amigos en el Continente. No, que Hugo Chávez está apoyando a la guerrilla colombiana porque Fidel manda fusiles y Chávez se los hace llegar por la frontera. Y gente en Colombia que cree la mentira y se hace eco de la mentira. «No, que Hugo Chávez está apoyando a los movimientos indígenas que en Bolivia tomaron las carretaras y que les está mandando armas y dinero», y presentan medias verdades. Laboratorios que producen documentos y grandes mentiras y presentan las mentiras y ponen a dudar a más de uno en Bolivia, valiéndose de la buena fe y de los hechos reales que allí han ocurrido. «No, que Hugo Chávez está apoyando a los militares ecuatorianos que se unieron a los indígenas y derribaron al Presidente Mahuad, les mandó armas y dinero y le sigue mandando porque ahora tienen un movimiento bolivariano y es la revolución bolivariana y Chávez es el que está conspirando contra los presidentes y las instituciones de todos estos países». Y hay gente que se lo cree. Y se van abriendo brechas, desconfianzas. «Más puede un intrigante en un día —dijo Bolívar— que un hombre de bien en un siglo». Y al Salvador igual, «No que Hugo Chávez está apoyando en El Salvador la resurrección de la guerrilla del Farabundo Martí o no sé qué otra guerrilla». Cuando lo que hicimos fue enviar apoyo para el pueblo salvadoreño por la tragedia del terremoto, como muchos otros países de América y del mundo lo hicimos, pero tiene que ser Venezuela. Es Venezuela. Se trata de atemorizarnos, se trata de que nos repleguemos, se trata de aislarnos, pues el efecto es contrario, nosotros ni nos atemorizamos, ni nos vamos a quedar aislados, ni vamos a echar atrás vamos es adelante con las banderas bolivarianas de la integración en el Continente, porque es el camino, no hay otro camino. Es la vida o es la muerte y nosotros por supuesto que optamos por la vida o es la muerte, y nosotros por supuesto que optamos por la vida.

Por la vida, y la vida de nuestro continente indígena, negro, mestizo y blanco cruzado, la vida está en la integración. Pero una integración de nuevo orden político. Hemos ya lanzado la idea —lo hicimos en Carabobo— en la Cumbre Andina que fue muy buena, de los Presidente de la Comunidad Andina. Hemos lanzado la idea y la sometemos a la consideración de ustedes, dignos e ilustres delegados del Parlamento Latinoamericano y de América y del mundo, y queremos someterla a los pueblos, proponemos que se consulte a los pueblos en cada país, acerca de la idea de crear una unión de naciones Latinoamericanas. Unión de naciones. No se trata de zonas de libre comercio, no estamos en contra de las zonas de libre comercio, ya estamos debatiendo y discutiendo y en equipo técnicos, pero no, eso no es, eso no es el corazón del problema, eso será un brazo o los dos brazos, las piernas del problema. El corazón, el alma está en la integración política y proponemos que el nombre de Bolívar y la ideología bolivariana, oriente ese esfuerzo. Una unión de naciones bolivarianas. Levantando las banderas de aquel Congreso de Panamá, de aquella anfictionía. El mundo de este siglo XXI debe ser un mundo pluripolar, ya n será un mundo bipolar que signó la historia del siglo XX y las guerras mundiales y la dominación de allá y la dominación de aquí, y las invasiones de allá y las invasiones de aquí, y las bombas de allá y las bombas de aquí, y los imperios de aquí y los imperios de allá. No, ya no queremos más.

Entonces debemos conformar o contribuir pues, desde aquí, a la conformación de un mundo pluripolar. De Europa aplaudimos la Unión Europea. Nos alegra muchísimo la Unión Europea y la reunificación de Alemania y el fortalecimiento de Europa y la monedas europea: el Euro. Venezuela está colocando capitales en Europa, vendiendo bonos en Euro, además del dólar; equilibrio hermano, equilibrio decía Alí Primera también.

Y el Asia también resucitó. Y allí anda China con un crecimiento gigantesco. China salió del mapa de la pobreza en 40 años y produce sus alimentos para 1.300 millones de seres humanos. ¿No podemos nosotros hacerlo también? Claro que podemos hacerlo y lo vamos hacer. Es que no podemos no hacerlo: ¡Malditos seámos! si no lo hacemos. Tenemos que hacerlo. Tenemos que dejarle vida a nuestros hijos y a todas las generaciones que nos van a suceder en el paso por esta tierra.

Ahora, el Asia, Europa, Rusia renace y es bueno que Rusia renazca. Allá en nuestra visita a Moscú, nos trajimos la impresión muy firme de un renacimiento en Rusia, y eso es bueno para el mundo. Eurasia, el Asia de Europa, en el Africa veíamos ayer a Khadafi convocando... leíamos una declaración de Muhammad Al Khadafi, amigo nuestro y socio nuestro y hermano nuestro convocando a la unión africana. Ojalá logren los africanos un movimiento unitario. ¿Y qué nos queda a nosotros? «Nosotros no somos americanos del Norte, nosotros no somos europeos ni asiáticos —decía Bolívar hace casi 200 años—, somos un nuevo género humano, una nueva raza, una mezcla de cosas, hasta mágica». Bueno, nosotros no tenemos otra alternativa que retomar esa idea y bandera de Bolívar y de muchos otros y comenzar a pensar en serio y a actuar en consecuencia con audacia y sin temor, con coraje y con unidad para conformar en las próximas décadas un bloque de fuerzas políticas y por tanto económicas y después sociales y morales en Suramérica, en Centroamérica y en el Caribe. Yo creo que eso es posible y nosotros podemos hacerlo, pero hace falta, hace falta repensarnos, hace falta repensarnos, como ya lo hemos dicho y estoy seguro que ustedes lo van a discutir muchísimo en esta semana aquí en Caracas.

Pues bien, esas mis reflexiones esta noche de inauguración (no he sido tan largo ¿verdad?), de inauguración de esta reunión, de esta cumbre. A mí no me gusta mucho la palabra cumbre, a mí, a mí, yo respeto todo.... porque es que una vez decíamos en Santo Domingo que nosotros andamos de cumbre en cumbre y nuestros pueblos de abismo en abismo. Una reunión pues, una reunión cumbre como ustedes la han llamado. Me sumo a la idea de cumbre por la altura de las ideas y la altura de los propósitos, no porque nos sintamos más que los demás, y esa debe ser la idea que nos mueve. Felicitarlos, Beatriz, a ti, mujer de esta América nuestra; a ti, Rafael Correa y a todos los que han venido y las que han venido a integrarse a este esfuerzo colectivo de pensamiento y ojalá que de acción. Estas reflexiones que se las comunico a nombre del pueblo venezolano, a nombre del Gobierno bolivariano, a nombre de la revolución que estamos impulsando en Venezuela contra viento, marea y tamañas dificultades. A nombre de ese pueblo que tiene una gran fe en lo que está haciendo y que quiere el venezolano unirse a todos los pueblos de nuestro continente para lograr ese mundo feliz que tanto hemos soñado y que tenemos siglos buscando, persiguiendo, construyendo y reconstruyendo. Finalmente, católico y muy cristiano como soy, pido a Dios que le dé esa luz y esa sabiduría a ustedes en estas deliberaciones y que esa conciencia histórica que anida y vibra en cada uno de ustedes, se plasme en cada palabra, en cada reflexión, en cada documento, en cada recomendación. Yo estaré muy atento y ojalá pueda acompañarles en algunos de los debates. Voy a tratar de hacerlo, me comprometo. Pero especialmente, voy a estar muy atento de las conclusiones y recomendaciones que de aquí surjan, no solo para tratar de reforzar con ellas el proceso venezolano hacia adentro, sino para tratar, junto a ustedes, de seguir izando las banderas de la integración verdadera, bolivariana, que nos permitirá cumplir con la meta que nos hemos trazado: Cancelar la horrorosa deuda social acumulada durante siglo en nuestros pueblos, en nuestro Continente. Muchísimas gracias amigos, muy buenas noches.