Cátedra Latinoamericana

Fidel Castro y Hugo Chávez

Alocuciones de los Presidentes de Cuba y Venezuela durante el acto de condecoración

Caracas, 13 de agosto de 2001

Fidel Castro: Si ustedes me permiten, me tomo un poquito de té; té caliente, porque por alguna razón no podía ser todo tan buena suerte que no le pasara algo a uno, y no tengo la voz muy clara hoy. Primero, no pienso pronunciar un discurso largo aquí, hay mucho calor. Escribí mis palabras porque un tema como éste, tan serio y tan trascendente constituía para mí la obligación de abordarlo con toda la calma y no improvisar aquí un discurso. Si ustedes me permiten, comienzo. ¿De acuerdo?

Honorable señor Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, autoridades y ciudadanos del Estado de Bolívar, querido pueblo venezolano. Trato de imaginarme aquel hombre que un 15 de febrero de 1819, a pocos metros de este sitio, hace 182 años se esforzaba por desentrañar los misterios de la Historia para llevar a cabo la tarea más difícil que jamás ha enfrentado el hombre en su breve y convulsionada historia, edificar bases estables, eficientes y duraderas para su propio gobierno. Lo imagino acudiendo al arsenal de sus conocimientos históricos, hablar de Atenas y Esparta, de Solón y de Elicurgo; meditar sobre las instituciones de la Antigua Roma, admirar su grandeza y sus méritos sin tardar en añadir casi de inmediato: un gobierno cuya única inclinación era la conquista, no parecía destinado a cimentar la felicidad de una nación.

Analizar las características políticas de las grandes potencias coloniales, como Inglaterra y Francia. Recomendar que se tome lo mejor de cada experiencia histórica. Admirar las virtudes del pueblo de las trece colonias recién liberadas del colonialismo británico, para añadir después con genial premonición, «...sea lo que fuere de este gobierno con respecto a la nación norteamericana, debo decir que ni remotamente ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de los estados tan distintos como el inglés americano y el americano español, que sería muy difícil aplicar en España el código de libertad política, civil y religiosa de Inglaterra que aún es más difícil adaptar en Venezuela las leyes de Norteamérica, que sería una gran casualidad que las leyes de una nación puedan convenir a otras; que aquellas deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres y a sus modales». «He aquí —exclama— el código que debíamos consultar y no el de Washington».

Si bien el Congreso de Angostura tenía por objetivo crear y proclamar una nueva constitución para la Tercera República de Venezuela, Bolívar en aquellos instantes no podía sustraerse a la idea de que surgía una nueva y decisiva etapa en la Historia del mundo, en la que nuestro hemisferio estaba llamado a jugar un gran papel. Vertió con crudeza muchos de sus más íntimos pensamientos políticos y sus inquietudes de eminente y previsor estadista. Habló allí como lo que siempre fue, un patriota latinoamericano. Comprendió como nadie la posibilidad y la necesidad de esa unión. Ya lo había dicho antes en la Proclama de Pamplona el 12 de noviembre de 1814: «Para nosotros la patria es la América».

Meses más tarde, el 6 de septiembre de 1818, en su famosa Carta de Jamaica escribió: «Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria, ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión». La grandeza del Libertador puede medirse por el valor, la tenacidad y la audacia con que intentó esa unión cuando un mensaje de Caracas a Lima podía tardar tres meses en llegar. El comprendía las enormes dificultades.

En su Discurso de Angostura expresó con toda franqueza: «Al desprenderse América de la Monarquía Española se ha encontrado semejante al Imperio Romano, cuando aquella enorme masa cayó dispersa en medio del antiguo mundo. Cada desmembración formó entonces una nación independiente conforme a su situación o a sus intereses, pero con la diferencia de que aquellos miembros volvían a restablecer sus primeras asociaciones. Nosotros ni aún conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo, no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles, americanos por nacimiento y europeos por derechos nos hayamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer contra la oposición de los invasores. Así nuestro caso es el más extraordinario y complicado». Ustedes lo saben bien ¿verdad? Ustedes saben bien que la tarea no es fácil.

En otro momento de su discurso expresó...

Público: ¡Viva la Revolución Cubana!

Fidel Castro: Para que viva la revolución cubana tiene que vivir la Revolución Bolivariana. No me busquen mucho la lengua abusando de que estoy medio ronco. Presten atención que es muy importante.

Las ideas que han dado lugar a este histórica fecha... El que llama tanto a Chávez, no lo moleste más, esperen un minuto, ya vendrá Chávez, él va a agitar todo esto, él puede decir muchas cosas que yo no puedo decir y sabe decirlas muy bien.

Bien, en otro momento de su discurso expresó con crudo realismo... nosotros queremos una masa aquí y la quiere Chávez, igual que aquella que quería Bolívar cuando hablaba de la educación, cuando hablaba de los conocimientos, cuando hablaba de las ideas, ideas, ideas, ideas. Cuán amargamente se quejaba él en aquellos tiempos en que posiblemente más del 90% de la población era analfabeta y esa no es la situación de ahora, aunque muchos analfabetos que la Revolución Bolivariana se propone instruir. «Unido el pueblo americano -decía Bolívar- al triple yugo de la ignorancia (fíjense bien), de la tiranía y del vicio no hemos podido adquirir ni saber ni poder ni virtudes. Discípulos de tan perniciosos maestros las lecciones que hemos recibido y los ejemplos que hemos estudiado son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza, y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas, un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción».

«La ambición, la intriga abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político. Bolívar enfatizaba la necesidad de que el pueblo poseyera elevados conocimientos políticos, y él decía «hombres ajenos no sólo a los conocimientos políticos, sino económicos o civiles adoptan como realidades las que son puras ilusiones». Cualquier pueblo que haya sido engañado muchas veces puede comprender estas preocupaciones de Bolívar expresadas aquí en su histórico discurso. «Observaréis muchos sistemas de manejar hombres —dijo Bolívar—, más todos para oprimirlos». Se podría añadir: todos para saquearlos, todos para engañarlos.

¡Que viva la Revolución Bolivariana! ¡Que vivan las ideas de Bolívar y que vivan los seguidores de las ideas de Bolívar! Pero nada podía desalentar a quien más de una vez hizo posible lo imposible: ofreció la renuncia de todos sus cargos y ofreció su espada para emprender la tarea, marchó al Apure, cruzó los Andes y destruyó en Boyacá el dominio español sobre Nueva Granada. De inmediato propuso al Congreso de Angostura la ley fundamental de la República de Colombia en diciembre de ese mismo año, que incluía a Ecuador, aún no liberado. Tenía el raro privilegio de adelantarse a las páginas de la Historia.

Habían transcurrido sólo diez meses desde que pronunció su mensaje al Congreso, el 15 de febrero de 1819, diez meses solamente. Nadie debe olvidar que desde que Bolívar habló en Angostura han transcurrido casi dos siglos. Acontecimientos no previsibles en nuestro hemisferio tuvieron lugar, que con seguridad no habrían ocurrido si los sueños bolivarianos de unidad entre las antiguas colonias iberoamericanas se hubiesen realizado.

Me estoy mirando el reloj y estoy apenado porque ustedes al obligarme al añadir algunas cosas me hacen extender.

Público: ¿Qué viva la Revolución cubana!

Fidel Castro: Ya dije mi respuesta, no las voy a repetir. ¡Que vivan las dos!

En 1829, un año antes de su muerte Bolívar había advertido premonitoriamente: «Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad». La federación constituida por las trece antiguas colonias comenzaba ya un curso expansionista que resultó fatídico para el resto de los pueblos de nuestro hemisferio. Aunque despojó de sus tierras y dio muerte a millones y millones de indios norteamericanos, avanzó hacia el Oeste aplastando derechos y arrebatando inmensos territorios que pertenecían a la América de habla hispana, y la esclavitud prosiguió como institución legal, casi 100 años después de la declaración de 1776, que a todos los hombres consideraba libres e iguales.

Estados Unidos no se había convertido todavía en imperio y estaba lejos de constituir la superpotencia mundial hegemónica y dominante que es hoy. A lo largo de su gestación, durante más de 180 años después del Congreso de Angostura, incontables veces intervino directa o indirectamente en el destino de nuestros débiles, nuestras débiles y divididas naciones en este hemisferio y en otras partes del mundo. Ninguna potencia había sido nunca dueña absoluta de los organismos financieros internacionales ni disfrutaba el privilegio de emitir la moneda de reserva internacional sin respaldo metálico alguno, ni era poseedora de tan gigantescas empresas transnacionales que succionan como pulpos los recursos naturales y la mano de obra barata de nuestros pueblos; ni ostentaba el monopolio de la tecnología, las finanzas y las armas más destructoras y sofisticadas. Nadie imaginaba el dólar a punto de convertirse en la moneda nacional de numerosos países de nuestra área; no existía una colosal deuda externa que supera considerablemente el valor de las exportaciones de casi todos los países latinoamericanos, ni una propuesta hemisférica de ALCA que concluiría en la anexión de los países de América Latina y el Caribe a Estados Unidos.

La naturaleza y los recursos naturales esenciales para la vida de nuestra especie de todos nosotros no estaban amenazados. Lejos, muy lejos de los años de aquel Congreso de Angostura estaban los tiempos de la globalización neoliberal. La población mundial de varios cientos de millones de habitantes no contaba con 6 mil doscientos millones de seres humanos que hoy habitan la Tierra, cuya inmensa mayoría viven en el Tercer Mundo, donde hoy crecen los desiertos, desaparecen los bosques, se degradan los suelos, cambia el clima y son cada vez más espantosa la pobreza y las enfermedades que hoy azotan el planeta.

En nuestra época la humanidad se enfrenta a problemas que van más allá de los temas decisivos planteados por Bolívar para la vida de los pueblos de nuestro hemisferio. No resueltos desafortunadamente a tiempo como él deseaba. Hoy todos estamos obligados a enfrascarnos en la búsqueda de soluciones para los dramáticos problemas del mundo actual que ponen en riesgo hasta la propia supervivencia humana. Unos coheticos o algunos tiros por ahí que no asustan a nadie. Esta es la ciudad más segura de Venezuela. ¡Viva Chávez! Ahí si estoy de acuerdo. Bien, unos minuticos nada más y termino. Acuérdense que tiene que hablar Chávez todavía.

A pesar de los enormes cambios que han tenido lugar en ese largo e intenso período histórico, hay verdades y principios expuestos por Bolívar en Angostura de permanente vigencia. No podemos olvidar sus profundas palabras cuando afirmó que «los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad; la educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso; moral y luces son los polos de una república, moral y luces son nuestras primeras necesidades. Demos a nuestra república una cuarta potestad: constituyamos este aerópago para que vele sobre la educación de los niños, sobre la instrucción nacional». Vean esto, hace casi 200 años, para que purifique lo que se haya corrompido en la República, que acuse la ingratitud, el egoísmo, la frialdad del amor a la patria, el ocio, la negligencia de los ciudadanos, que juzgue de los principios de corrupción, de los ejemplos perniciosos, debiendo corregir las costumbres con penas morales; la atroz e impía esclavitud cubría con su negro manto la tierra de Venezuela y nuestro cielo se hallaba recargado de tempestuosas nubes que amenazaban un diluvio de fuego. «Vosotros sabéis que no se puede ser libre y esclavo a la vez, sino violando a la vez las leyes naturales, las leyes políticas y las leyes civiles».

«Yo imploro —decía Bolívar— la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República».

Público: ¡Que viva Bolívar!

Fidel Castro: Pero junto con Bolívar viva aquella frase en la que él enfatizó tanto: «unidad, unidad, unidad debe ser nuestra divisa», y se refería no sólo al pueblo venezolano sino a todos los pueblos latinoamericanos. Nada tan conmovedor e impresionante como las palabras finales de aquel discurso que retratan de cuerpo entero los ideales y los sentimientos de Bolívar. Volando por entre las próximas edades está pensando en estos tiempos: «Mi imaginación se fija en los siglos futuros y observando desde allá con admiración y pasmo la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región. Me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado y que nuestra patria reúne con prolongados y anchurosos canales. Ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el cetro de la justicia coronada por la gloria». Mostraba al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.

¿Un soñador? Me pregunto. ¿Un profeta? Al leer esas frases compartimos con él sus sueños y profecías. Los cubanos tuvimos también un soñador y un profeta. Nació 24 años después de Angostura y cuando ya a fines de ese siglo el imperio revuelto y brutal -así lo calificaba él- era tangible y terrible realidad. El más grande admirador del Padre de la Patria venezolana escribió sobre él palabras que no podrán borrarse jamás: «En calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella; de Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna o entre relámpagos y rayos o con un manojo de pueblos libres en el puño y la tiranía descabezada a los pies. Así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies. Así está él, calzadas aún las botas de campaña porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy, porque Bolívar tiene que hacer en América todavía». «Quien tenga patria que la honre –dijo- y quien no tenga patria que la conquiste. Esos son los únicos homenajes dignos de Bolívar».

Yo no merezco el inmenso honor, yo no merezco el inmenso honor de la Orden que ustedes me han otorgado en la tarde de hoy, sólo en nombre de un pueblo que con su lucha heroica frente al poderoso imperio está demostrando que los sueños de Bolívar y Martí son posibles, la recibo.

Venezolanos, hermanos del Estado que lleva el glorioso nombre del Libertador, no hay nada comparable al privilegio de haberme permitido dirigirles la palabra en este lugar sagrado de la Historia de América. Deseo expresarles a ustedes y a todo el pueblo venezolano en nombre de Cuba nuestra gratitud. He concluido. Muchas gracias por la atención y la paciencia.

Periodista: Han sido las palabras, el discurso que ha pronunciado el presidente de Cuba, Fidel Castro, luego de ser condecorado con la Orden Congreso de Angostura en su grado Gran Collar. El Presidente cubano ha hecho referencia a algunos temas como el analfabetismo, la pobreza. Hizo también referencia a la igualdad y ha citado algunos pensamientos y frases del Libertador Simón Bolívar.

Ahora el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, también tendrá palabras para el presidente de Cuba, Fidel Castro, y todas las personas que acá se han concentrado en este acto.

Hugo Chávez: Excelentísimo señor Fidel Castro Ruz, presidente del Consejo de Gobierno de la República de Cuba; excelentísimo señor Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba y demás miembros de la comitiva oficial cubana; excelentísimo señor Germán Sánchez Otero, embajador de la República de Cuba en Venezuela; ciudadano embajador de Venezuela en Cuba, señor Julio Montes; señores cultores, músicos, cantores y escritores que integran la delegación cultural cubana; señores ministros, funcionarios y representantes del poder nacional, señor gobernador del Estado Bolívar, señor alcalde del municipio, señores representantes de los poderes públicos del Estado Bolívar, amigas y amigos de Ciudad Bolívar, de todo este estado que lleva el nombre del Libertador, señores gobernadores de los estados vecinos, gobernador del Estado Anzoátegui, gobernador del Estado Nueva Esparta, gobernadora del Estado Delta Amacuro, gobernador del Estado Amazonas, queridos amigos, queridas amigas:

Estamos aquí esta noche reunidos, y yo les voy a rogar algo, sabemos que muchos de ustedes vienen aquí movidos por un gran espíritu patriótico, todos sin duda, movidos por un gran sentimiento, sin duda, en primer lugar. También sabemos que muchos vienen de lejos y traen sus necesidades plasmadas en un papel, en un documento, en una pancarta, en un grito, en una palabra, en un rayo de esperanza, en una foto, en lo que sea. Yo les voy a pedir que sólo por esta tarde, sólo por esta tarde guardemos los papeles, bajemos las pancartas y dejemos por un momento nuestros pesares, que son muchos; nuestras necesidades, que son infinitas, para que concentremos nuestra vista, para que concentremos nuestra alma, para que concentremos nuestro corazón en Fidel que está aquí y que ha venido a honrarnos este día maravilloso de hoy.

¡Fidel! Fidel! Fidel! Fidel! Fidel!

Público: ¡Fidel! Fidel! Fidel! Fidel!

Presidente Chávez: Y es que Fidel merece eso y mucho más. El acaba de decir en un gesto de humildad, que siempre le ha caracterizado, acaba de decir que no merece la condecoración que le hemos impuesto a nombre del pueblo soberano del Estado Bolívar y del pueblo soberano de Venezuela. Yo les voy a preguntar a ustedes: ¿merece Fidel esta condecoración?

Público: ¡Síiiiiii!

Presidente Chávez: Vamos a darle un aplauso a Fidel. Claro que merece Fidel la condecoración y el Collar de la Orden de Angostura. Fidel... miren, yo nací el 28 de julio de 1954, nací yo, un año antes... oigan bien esto para que vean ustedes lo que esto significa. Un año antes ni siquiera estaba preñada todavía Elena, mi madre, un año y dos días antes exactamente, el 26 de julio de 1953 este mismísimo hombre que está aquí, este mismísimo soldado que está aquí, este mismísimo revolucionario que está aquí comandó el asalto al Cuartel Moncada que inició la Revolución Cubana y la liberación de Cuba; y fue a prisión y pasó varios años en prisión, y salió de prisión a continuar luchando y a organizar una expedición que volvió a Cuba al poco tiempo, una expedición de soñadores, de quijotes, de revolucionarios, entre los cuales iba Ernesto Guevara, ejemplo de constancia, de lucha y de sacrificio. ¡Que viva para siempre la memoria del Che y su ejemplo libertario y su sacrificio!

Y después de varios años de guerra junto al pueblo de Cuba en la Sierra Maestra y en los campos y en los pueblos y en las ciudades de Cuba, dominada hasta entonces por la tiranía como lo fue por siglos, entró Fidel y entraron los revolucionarios a La Habana. Era el año 1959, 1959. Al mismo tiempo, casi al mismo tiempo aquí estaba comenzando un nuevo período político, porque un poquito antes, el 23 de enero de 1958, unos meses antes solamente había terminado la época del gobierno militar del general Marcos Pérez Jiménez, y entonces comenzó aquel mes de enero de 1958 una etapa, se comenzaba a hablar de democracia, llegaron los partidos Acción Democrática y Copei, fundamentalmente, a hablarle al pueblo de democracia, de libertad, de futuro. Casi al mismo tiempo comenzó el gobierno revolucionario cubano y el gobierno aquel de Rómulo Betancourt.

Ahora, demos un salto con los años y aquí estamos, cuarenta y tantos años después, casi medio siglo después. Los que éramos niños... yo tenía apenas 5 años, Miquilena ya tenía como 60, José Vicente también, pero al menos yo, el gobernador Rojas Suárez tenía... no había nacido a lo mejor. Yo tenía 4 años, 4 años y recuerdo allá... en los más remotos recuerdos tengo unos cohetes que sonaron en la plaza Bolívar de mi pueblo y unos gritos por allá «¡que viva la democracia! ¡que viva Rómulo!» decían algunos. Sí, Sabaneta.

Ahora, los que éramos niños entonces... levanten la mano aquí los que eran niños y niñas. José Vicente cómo va a levantar la mano. Bueno, los que éramos niños y niñas, recién nacidos muchos, aquí estamos hoy en Venezuela después de casi medio siglo, y ciertamente yo creo que en esta tarima no tendría cara ninguno de los dirigentes venezolanos que durante casi medio siglo destruyeron a Venezuela y nos dejaron este país bolivariano destrozado por el hambre, la miseria y la desigualdad a nombre de la democracia. ¿Dónde están? ¿quién o cuál de ellos puede dar la cara aunque sea? ¡Ninguno puede dar la cara! En cambio y ahí está la grandeza de los hombres, como algún poeta lo dijo o algún escritor lo escribió, los hombres, los verdaderos hombres, los verdaderos luchadores no son los que luchan un día, no son los que luchan un año, son los que luchan toda la vida. ¡Esos son los indispensables! Hechos como la roca de Angostura a prueba de siglos, a prueba de huracanes, a prueba de tempestades, a prueba de balas incluso. Aquí está uno de esos hombres: Fidel Castro.

Y así como digo que ningún dirigente venezolano de los últimos... ningún dirigente me refiero a los que ocuparon las más altas magistraturas del Estado y se llamaron demócratas y saquearon a este pueblo nuestro, así como ninguno tiene cara para aparecer ante el pueblo; en cambio Fidel Castro tiene cara no sólo para aparecer como aparece casi todos los días ante el noble pueblo de Cuba, sino tiene cara para aparecer ante los pueblos del mundo como baluarte de la dignidad de los pueblos que luchan por su libertad, por su felicidad, por su igualdad. Por eso es que por supuesto que merece ese hermano no sólo la condecoración y el Collar de la Orden de Angostura, sino que mereces también, como te hemos entregado, nuestro corazón, nuestro afecto, nuestro amor de hermanos, nuestro cariño sincero, nuestra fe, nuestra mano y nuestra alma, y yo me siento muy feliz de que podamos haber venido este día tan especial a Angostura, esta Ciudad Bolívar, esta ciudad desde donde brotan como inspiración esas eternas ideas y llamados que ya Fidel nos recordaba a todos en su maravilloso discurso, aquí en las riberas del caudaloso Orinoco, aquí en esta tierra mágica, misteriosa de Guayana hemos venido en esta tarde de agosto y esta noche de agosto, y qué casualidad, qué casualidad que... estas son casualidades pero que hay que tomarlas como símbolos también de los tiempos y de los mandatos de la Historia. Un día como hoy, hace 184 años, fue cuando por primera vez llegó a esta ciudad de Angostura Simón Bolívar, fue en 1817, un día como hoy en estos mismos tiempos de invierno, de vientos cruzados, con el río de banda a banda, de monte a monte, con el rumor del padre río y sobre esta misma roca palpitante llegó Bolívar cargado de sueños, con su ejército y su pueblo unidos cortando las cadenas del Imperio Español, y fue aquí donde logró asentarse el poder de la República contra el Imperio, fue aquí en esta tierra donde logró fortalecerse la fuerza militar, en primer lugar; la fuerza popular y política, en segundo lugar, y luego de esa fuerza militar unida a la fuerza popular y unida a la fuerza política surgió de aquí como un manantial de gloria la Gran Colombia, porque aquí nació la Gran Colombia, aquí nació en aquel Congreso Constituyente la tercera República después del fracaso de la primera, que no fue realmente un fracaso, una fase solamente de la lucha, una fase de la batalla, y luego la segunda República; y precisamente aquellas dos primeras repúblicas, la primera y la segunda, no pudieron consolidarse porque no había un liderazgo republicano que hubiese entendido el carácter vital del apoyo del pueblo a la revolución. No lo lograron en la primera República, el pueblo andaba disperso y dividido, incluso apoyando a las fuerzas españolas en muchas regiones.

Tampoco lo lograron en la segunda República y el mismo Bolívar fue derrotado en aquel año sangriento de 1814, y vino le Emigración a Oriente y comenzó la guerra en Oriente y comenzó Bolívar a entender que sin pueblo no hay revolución, porque los pueblos son el combustible de las verdaderas revoluciones, mensaje y enseñanza para todos nosotros ahora y siempre. Toda máquina necesita combustible, si no se detiene y se desintegra. La revolución es como una máquina y el combustible de la revolución no es otro que el pueblo con ideas –decía Fidel-, con conciencia, con organización popular, con lucha y con batalla, sólo así habrá verdadera revolución, con un pueblo dando sus batallas. Pues Bolívar lo entendió, fue necesario pasar por los primeros años y las primeras derrotas, y es entonces aquí después de la Batalla de San Félix y después que el General en Jefe Manuel Carlos Piar, a quien rendimos tributo en este sitio donde cayó fusilado por esas contradicciones a veces inexplicables de la Historia, uno de los más grandes de los libertadores murió allí mismo fusilado, y Bolívar lo vio desde aquella ventana. Siete cartas, Fidel, le mandó el General Piar a Bolívar pidiéndole clemencia, siete cartas cruzaron este espacio hasta la casa de gobierno y ninguna fue contestada, y Bolívar cuando el capitán que comandaba la tropa y el pelotón de fusilamiento aquí mismo, cuando el capitán dio la voz de mando: «apunten» (Bolívar se asomó a la ventana), «fuego» y cayó muerto aquel prócer, aquel líder de los pueblos de Oriente, Manuel Carlos Piar. Bolívar, dicen quienes estaban con él que lloró y golpeó la mesa y dijo: «He derramado mi sangre, hoy es un día de luto de mi corazón», pero según él mismo lo dice, nunca se arrepintió de haber permitido el fusilamiento de Piar para garantizar la unidad de los revolucionarios, para evitar la anarquía que hubiese conducido a nuevas derrotas. He allí uno de los grandes retos que hoy aparecen en la ontananza. Por eso, qué maravilloso, hermanos, qué maravilloso, hermanas, estar aquí en Angostura en este día de agosto, 11 de agosto, para condecorar a este soldado de la América bolivariana y revolucionaria, a este soldado de Martí, para hacerle un reconocimiento como lo hemos hecho no sólo a nombre del pueblo del Estado Bolívar, sino a nombre, permítanmelo, de todo el pueblo bolivariano de Venezuela, a nombre de todos. Y, además, voy a hacer un referéndum, porque Fidel y yo discutimos mucho ideas, proyectos y como aquí hemos tenido una contradicción, él ha dicho que no merece la condecoración ¿verdad? Yo he dicho que si la merece. Voy a someter esto, Fidel, para no estar discutiendo ese punto esta noche, a un referéndum público. Levanten la mano los que dicen que no la merece, los que dicen que sí la merece. ¡No hay discusión! Ese punto no está en discusión. Bien merecida tu condecoración de Angostura y no olvidaremos jamás este día maravilloso.

Ahora, habría muchas cosas que decir aquí hoy, muchísimas cosas. Debo decir también que Fidel cumple años. ¿Cuántos?

Público: 75 años.

Presidente Chávez: Oye, pero tú te las sabes todas, vale. Mira, aquí hay alguien que se las sabe todas, 75 años cumple Fidel. Miquilena no dice la edad. ¿Dónde está Luis? Ah, no, aquí está. Luis dice que Fidel es mayor que él. ¿Ustedes qué creen? ¿Quién será mayor, Luis o Fidel? ¿Fidel?

Bueno, en todo caso... ¿le cantamos cumpleaños? ¿Qué quieren? ¿le cantamos cumpleaños? Vamos pues, vamos todos, a la cuenta de tres, pero todito, el cumpleaños completo, no chucuto.

Cumpleaños.

He concluido, buenas noches a todos, muchas gracias.