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Manuel Ugarte

Industria propia o extranjera

Mientras falte la industria pesada no podremos tener verdadero ejército, porque comprar armamentos equivale a moverse en la órbita de rotaciones extrañas.  Sólo se obtiene cuando la finalidad perseguida favorece las intenciones de la nación que los facilita.  Si no construimos locomotoras, tampoco existirán ferrocarriles de pura esencia nacional.

Por otra parte, la fachada no nos ha de engañar.  No basta que las fábricas se instalen en nuestros territorios para que resulten nuestras realmente.  Pueden representar, en cierto caso, una habilidad de la industria extranjera para evitar fletes onerosos o recias tarifas de aduana.  Pueden recibir los objetos a medio manufacturar.  Porque es dudoso que el capitalismo que impone al mundo su producción nos provea de instrumentos para hacerle competencia renunciando a los beneficios que hasta ahora percibe y a clientela creciente en el porvenir.  La creación de filiales con nombres adaptados a la región no es un comienzo de libertad, sino una confirmación de tutela.

Casos recientes permiten observar cómo puede surgir una empresa en Iberoamérica. Un grupo oligarco-plutocrático se pone en contacto con una gran entidad de Inglaterra o de Estados Unidos o, lo que es más frecuente, la entidad extranjera busca en una de nuestras repúblicas al grupo que debe secundaria.  No falta el banco, sociedad de fomento o lo que sea de la república en cuestión que facilite para el negocio cincuenta millones.  La corporación extranjera se inscribe con veinte millones que resultarán nominales, después diremos por qué.  El público de la república iberoamericana puede llegar a suscribir en acciones otros veinte millones.  Son pues noventa millones de pesos que van a ser administrados por un extranjero, jefe invariable de la empresa.  El primer acto de la nueva compañía consistirá en comprar maquinarias en Estados Unidos o Inglaterra, maquinaria por la cual se pagarán cincuenta millones de pesos.  De suerte que los veinte millones que suscribió la firma siempre quedarán fuera de iberoarnérica, más los treinta millones que salen para completar los cincuenta, valor de la maquinaria, cuyo modelo ha sido a menudo sobrepasado en el país de origen por otras más recientes.  La ganancia para los de afuera es siempre segura.  Si hay albur, pasará sobre la república iberoamericana.  Así suelen fundarse, con ostentosos nombres locales, algunas fábricas que nos dan la ilusión de tener industrias y que sólo constituyen nuevos canales de absorción.* 

*La reconstrucción de Hispanoamérica (póstuma) 1961.